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10 de octubre de 2003
La importancia del "efecto sorpresa"

¿Comenzamos con una confesión? Venga, comencemos:

1. Mis gráficos me aburren

¿A alguien le escandaliza? La mayor parte de mis gráficos -y, por extensión de la prensa en general- son serios, van al grano, etc. Es bueno que así sea. Después de todo, el principal objetivo de nuestra profesión es explicar visualmente hechos de la manera más sencilla y directa posible. Pero llevar al extremo ese precepto nos conduce a desaprovechar recursos tan útiles como la analogía, la metáfora... y el buen humor. Creo que mi problema con casi todos los gráficos que veo (los nuestros en elmundo.es incluidos) es que no me sorprenden.

La sorpresa es esencial para mantener la atención de un lector. Es una máxima fundamental en cualquier manual de periodismo escrito que un texto no debe ser sólo claro, breve, conciso, sino atractivo. ¿Qué hace que un reportaje enganche? Supongo que una gran cantidad de factores, pero a mí lo que me hace llegar al final de un texto -sea novela, columna o artículo sobre la cría caballar en Ingushetia- es que dé unos cuantos giros inesperados. No siempre es posible: no se puede ser sublime sin interrupción, decía un poeta. Pero eso no es excusa para no intentarlo.

2. Las lecciones de la infografía para niños

Hay buenas razones para aplicar la vieja máxima del periodismo a nuestra labor. Cuando me preguntan cuáles son mis gráficos preferidos, entre los primeros de la lista está uno que vi de pequeño en uno de esos maravillosos libros ilustrados que me regalaba mi tío comprensivo particular (¿quién no ha tenido un "tío comprensivo" en la niñez?). Perdí dicho libro hace años y ni siquiera recuerdo el título. Trataba del cuerpo humano.

Después de repasar con gran detalle y rigor los órganos y sistemas, hacía un uso maravilloso de la analogía: al explicar el sistema inmunológico, comparaba el cuerpo humano con un castillo con varias puertas (boca, orejas, nariz...) defendidas por "guerreros" vestidos con sobrevestes de diferentes colores del asedio de ejércitos enemigos: virus y bacterias. Por supuesto, aquella doble página de infografía estaba destinada a un público infantil y no debería tener espacio en un periódico, pero ejemplifica perfectamente lo que quiero decir. Estaba tan bien resuelta, sorprendía tanto que invitaba a detenerse unos minutos en ella.

El caso es que, una vez cumplido el principal objetivo de informar con claridad, ¿por qué no dar al lector una buena sorpresa? ¿Por qué no hacer saltar por los aires sus expectativas? ¿Por qué no ser un poco juguetones, incluso gamberros, si el tema se presta?

3. Beneficios terapéuticos de una buena gamberrada

No está mal ser un poco gamberros. Recuerdo el caso de un interactivo de elpais.es (no lo enlazo por razones obvias: cobran) sobre los diferentes tipos de virus informáticos. Cuando explicaban los troyanos ¿cómo los representaban? Pues como caballitos de madera con ruedas que se colaban en el ordenador de turno. Otro, no recuerdo cuál, era una especie de vikingo regordete que daba vueltas y vueltas a un hacha gigantesca y troceaba un disco duro. ¿Era por eso menos informativo el gráfico? Desde luego que no.

Ejemplo 1: los terremotos
Pinche para verlo

Cuando me enfrenté a la necesidad de actualizar nuestro viejo genérico sobre los terremotos (ejemplo 1), decidí que sería lo más exhaustivo posible: la principal virtud de un buen genérico es que sobreviva varios años sin pasar de moda. Así que me armé de paciencia y procuré documentarme lo mejor posible. También quería evitar que el gráfico fuera una mera sucesión de pantallas y textos: el tema pedía incluir unos cuantos detalles que se salieran un poquito de la norma.

En primer lugar, cuando expliqué la escala de Richter y los sismógrafos, además de las animaciones hice una equivalencia un tanto sui generis (es poco científica, pero creo que resulta útil). La Richter es una escala logarítmica: un terremoto de magnitud 2 es diez veces más potente que uno de magnitud 1. ¿Por qué no representarla con una comparación? Así que escribí: "si el peso medio de una persona (60-75 kg) equivale a una magnitud 1"... la magnitud 4 es más o menos el peso de una ballena, y la 8 se corresponde ¡con una torre del World Trade Center!. ¿Una comparación poco exacta? Más o menos. Pero está basada en estimaciones reales y, sobre todo, funciona.

Al contar cómo se establece la magnitud en la escala, no me limité a escribir que se calcula a partir de "la amplitud de la onda máxima" y del "intervalo temporal entre ondas primarias (P) y secundarias (S)", sino que programé una sencilla herramienta que cruzaba ambos datos, basada en un diagrama real. Sobre sendas escalas se pueden subir o bajar unos botones y obtener el resultado.

Por último, me ocupé de la escala Mercalli, bastante polémica e imprecisa (mide el "nivel de destrucción" de un terremoto, por lo que debe tener en cuenta tanto la intensidad del seísmo como la calidad de las construcciones afectadas) pero que da mucho juego para una representación espectacular. El último paso, la "destrucción total" es un fundido a negro. Una pequeña broma-colofón que pienso que no desvirtúa el resto del gráfico.

 

4. Objetos Voladores No Identificados

Recuerdo también otro genérico relacionado con catástrofes naturales. David Alameda hizo una descripción muy acertada de cómo se forman los huracanes (ejemplo 2), modeló en 3D un corte muy hermoso de su interior, pero no se conformó con ello.

Ejemplo 2: los huracanes
Pinche para verlo

En la escena final, David programó un deslizador que permite subir o bajar la "intensidad" del huracán para comprobar sus efectos... hasta arrancar la palmera y el techo de la casa, que literalmente salen volando. Muy ilustrativo. Y escalofriante.

 

5. Un pequeño detalle basta

Es imposible ser siempre original. Ni falta que hace. Basta con que en algún que otro gráfico incluyamos un detallito divertido y/o sorprendente para evitar que los lectores tengan la impresión de enfrentarse a otra aburrida animación sobre tema médico. Si siempre resolvemos nuestros trabajos de la misma forma acabaremos por hartarlos tanto como si usamos sin cesar los mismos cochecitos y muñequitos en los gráficos sobre atentados de ETA...

Ejemplo 3: infertilidad
Pinche para verlo

El gráfico titulado "Una causa de la infertilidad masculina" (ejemplo 3), de Xaquín González, es bueno. No extraordinario (hay pocas infografías que merezcan tal calificativo) pero sí bien documentado y organizado. De no ser un pequeño detalle, no pasaría de ser un gráfico "de repertorio", de esos que elmundosalud produce con regularidad: durante la precarga no se lee el consabido y tradicional "cargando", sino "el óvulo está madurando". Cuando termina la descarga, para empezar la animación no hay que pulsar ningún botón invisible, sino que el lector debe llevar el espermatozoide al óvulo y fecundarlo... Este detalle me arranca una sonrisa cada vez que visito el interactivo: me predispone positivamente para su lectura. Ése es el objetivo.

6. Para terminar...

No se me ocurriría proponer ninguno de los tres ejemplos anteriores como paradigma de ortodoxia infográfica. De hecho, recomiendo no arriesgarse demasiado con el uso de comparaciones ni de recursos sorprendentes. No hay que pasarse. Pero tampoco debemos quedarnos cortos. Es obvio que debemos ser cautos cuando el tema sea espinoso (atentados, accidentes, etc.) pero no nos escudemos en una fatua y autosuficiente seriedad para esquivar la responsabilidad de que cada trabajo sea para los lectores una experiencia nueva.

Y, sobre todo, aprendamos de los grandes maestros del "efecto sorpresa". Mi preferido es Nigel Holmes. Su explicación animada de la deuda de EEUU me parece uno de los mejores gráficos de todos los tiempos, a pesar de que su peso sea excesivo (4.7 megas, por mucho archivo Quicktime que sea, siguen siendo muchos megas...).

 
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Copyleft Alberto Cairo Touriño 2003
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