
FIG. 1: Versión impresa del
gráfico ganador del Premio Peter Sullivan
FIG. 2: Versión interactiva

FIG. 3: Bajas en Irak

FIG. 4: Gráfico sobre la inmigración en Estados Unidos
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18 de abril de 2009
De modas y premios (2)
Por desafío explícito (amigable), Chiqui Esteban, Nicolás Ramallo y Xaquín GV han respondido al artículo anterior sobre los ganadores de los premios Malofiej de este año. Gert Nielsen, sin saber nada de esta conversación inter-blogs, publicó un detallado texto que deshuesa el Peter Sullivan ("mejor gráfico de la competición") objeto central del debate, un trabajo que arranca ovaciones y chirriar de dientes a partes iguales.
En la primera entrega de esta polémica inducida hice una alusión nada inocente al "Nuevo periodismo", aquella corriente que usaba con cierta libertad técnicas importadas de la literatura de ficción. El Nuevo periodismo buscaba explorar la dimensión estética de los textos, darles interés por medio de estilos poco comunes en los diarios, a veces incluso desconcertantes. Aceptable. El problema*, que es también un problema grave en la infografía de prensa desde sus orígenes, surge cuando la mencionada ambición estilística se antepone a nuestros objetivos centrales como comunicadores: facilitar la comprensión y la exploración de los datos; ser fiables, rigurosos, precisos; no permitir que la técnica sea una barrera entre el mensaje y el lector, sino un canal que conduzca el primero al segundo.
(*Nota: en sus imprescindibles Diarios, Arcadi Espada comentaba una de las páginas que sobre el juez Baltasar Garzón escribió Pilar Urbano en El hombre que veía amanecer. Espada se sorprendía -irónicamente- de que Urbano hubiese tenido acceso suficiente a la vida íntima del biografiado como para escribir de él y su mujer: "Sentado en el borde de la cama, un pie descalzo y el otro aún con calcetín, Baltasar mira a Yayo. Nota que ella recela". No es periodismo, sino aderezo: ficción. Es una caricatura, un ejemplo extremo de a lo que conduce considerar al periodismo como una forma literaria, un arte, una forma de expresión personal del autor, y no como lo que debe ser: un servicio).
En Infografía 2.0 escribí sobre dos "ideologías" en el mundo de la visualización en prensa: la estetizante y la analítica. Se me ocurren pocos ejemplos mejores de infografía guiada por la ideología estetizante que este premio Peter Sullivan. Es un alarde de una frivolidad pasmosa, como afirmé anteriormente, porque en su elaboración se intuyen dos fetichismos: 1) el del código (cuanto más compleja la programación, mejor, aunque no sirva de nada para mejorar la eficacia del gráfico) y 2) el del atractivo visual. No es extraño que haya despertado entusiasmo en foros especializados: es técnicamente impecable, un ejercicio de virtuosismo sin rival, al menos en el mundo de la prensa. Y es bello: sus formas elegantes y sinuosas con certeza hicieron que la mayor parte de los lectores del Times se detuviesen intrigados en la página donde fue publicado.
¿Pero qué sucedió luego? Sospecho que (y esto, insisto, está todo basado en impresiones personales, por lo que debe ser tomado con escepticismo) provocó confusión y subsiguiente frustración, en general. Sucedió conmigo: incluso para alguien con experiencia en el ramo resulta innecesariamente difícil extraer significado de esta presentación. En esto radica mi desacuerdo con el jurado: por querer reconocer la innovación y el riesgo (lógica aspiración), otorgaron el título de "mejor del año" a un trabajo que no tiene lugar en las páginas de un diario generalista, sino en las de una publicación especializada, un scientific journal, o una revista para hooligans de la estadística (y con reservas). Parece dirigido a los fans de las piezas más enigmáticas de John Maeda, y no a mí, que recibo el periódico todos los días en la puerta de mi apartamento.
Lo peor no es eso, sin embargo. Las decisiones de los jueces son inapelables y no seré yo quien se tufteíce* a estas alturas. Lo peligroso es que el narcisismo tecnófilo que este gráfico destila será muy contagioso debido al prestigio del Times (merecido, sostengo) y a que los premios Malofiej siempre han sido (también merecidamente) una inspiración para la industria, y han popularizado tendencias. Muchas veces para bien; otras, justo es reconocerlo, para mal.
(**Tufteizar: dícese de la tendencia a proclamar reglas infográficas de rigidez extrema y sin sostén empírico, basándose sólo en apreciaciones personales no matizadas y sin dejar nunca espacio para el debate y el intercambio de opiniones. Más información sobre este bienintencionado chiste, aquí).
Hay precedentes de este tipo de contagio: la expansión de los gráficos de burbujas, tantas veces usados para fines equivocados. Es de esperar que en los próximos meses asistiremos a una invasión de formas visuales de aspecto chocante, después de que se haya interiorizado el mensaje de que para estar a la moda es necesario presentar los datos de la manera más enrevesada posible, siempre que sea con el pretexto de usar alguna herramienta de última generación. ¿Cómo combatirla? Con sentido común. Lo primero es facilitar la vida del lector. Sólo cuando este primer fin ha sido cumplido es cuando podemos permitirnos ser originales, o poner en práctica el nuevo artefacto tecnológico o conceptual recién aprendido en un manual de Processing.
Es imprescindible que continuemos importando formas gráficas de publicaciones que nada tienen que ver con el periodismo, no hay duda; que investiguemos, como ha hecho el Times en esta ocasión (más información sobre sus fuentes de inspiración), pero no podemos olvidar a quién nos dirigimos si trabajamos en un diario o revista de información general: no a audiencias especializadas a las que podamos suponer un sólido conocimiento de los códigos usados para plasmar los datos, sino a públicos variados. Es necesario desafiarlos, sí, no tratarlos como a débiles mentales a base de descender por sistema al mínimo común múltiplo ("mi lector no entiende los diagramas de dispersión": paparruchas), pero sin ir demasiado lejos demasiado rápidamente. Si ni siquiera un profesional puede obtener un mensaje claro de un gráfico, ¿cómo lo va a conseguir alguien sin formación en comunicación visual?
Buenas prácticas de innovación controlada: compárese el Peter Sullivan 2009 con el famoso gráfico que detalla las bajas en Irak (FIG. 3), o con el mapa de la inmigración en Estados Unidos (FIG. 4), al que ya me he referido. ¿Innovadores? Sin duda; también punteros en el uso de tecnologías hasta hace poco consideradas alienígenas en las redacciones. Pero siempre con los límites cognitivos de un hipotético lector medio en mente, siempre con cautela. En estos casos, el código está al servicio del usuario. Ambos presentan la información de forma clara y permiten la exploración personalizada (y profunda) de los datos, así que satisfacen los dos objetivos definidos en los principales manuales de visualización de información. Ambos son, estos sí, magníficos.
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