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Paul Mijksenaar
y Piet Westendorp
Abrir aquí
Könemann
2000
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16
de junio de 2005
El arte del diseño de instrucciones
Paul Mijksenaar es un señor
muy serio. Doy fe, lo conocí en la cumbre mundial de
infografía Malofiej
2004 y recuerdo que era alguien a quien costaba arrancarle
una sonrisa. Es el artífice de una firma
dedicada al diseño
de información cuyas mejores obras son las señalizaciones
de los aeropuertos
de Schiphol, en Amsterdam (el mejor del mundo para los
expertos) y de Nueva York, Newark, JFK y La Guardia, y
eso le debe dejar a uno en el rostro un permanente rictus
de gravedad.
Porque es muy serio, decía,
choca el contagioso buen humor que rezuman sus libros. Si
ya el clásico Introducción al diseño
de la información (en Gustavo Gili), un panfleto
fundacional con más de catálogo que de tratado
teórico, contenía notas de un ingenio arrollador,
éste Abrir aquí lo supera con creces.
El libro se abre con un artículo
que sienta las bases del resto del contenido: 'El test de
inteligencia cotidiano', en el que, a través de la
descripción pormenorizada de la jornada de un ciudadano
cualquiera, se catalogan todas las instrucciones visuales
a las que posiblemente se exponga (o haya expuesto con anterioridad)
para desempeñar con éxito tareas habituales,
desde lavarse los dientes hasta abrir el recipiente de comida
preparada o colocar el filtro del café. En las páginas
que siguen, 'No hay pérdida', Mijksenaar demuestra
que sí la hay, mostrándonos un catálogo
de utensilios de cocina de formas sencillas y retándonos
a que identifiquemos su función. Por supuesto, es imposible
si uno no lee sus instrucciones o es un asiduo de Ikea, y
es que no es cierto que la forma siga necesariamente a la
función, por lo menos en apariencia.
Posiblemente la parte más
deliciosa de Abrir aquí sea la breve historia
del diseño de instrucciones con ejemplos muy bellos
y bien elegidos. Lo más interesante, más incluso
que las ilustraciones incluidas, es que los autores relacionan
su desarrollo con la de sus audiencias, los amantes y detractores
de la tecnología, y con la evolución de la sociedad
de consumo. Describen, por ejemplo, cómo las instrucciones
puramente visuales sólo se desarrollaron a partir de
la II Guerra Mundial debido a la necesidad de explicar aparatos
cada vez más complejos a audiencias cada vez más
globales que no necesariamente hablaban un mismo idioma, aunque
sí estaban capacitadas para comprender dibujos y diagramas.
También describen tendencias
como la antropomorfización (esas clásicas cintas
de vídeo que se echaban a llorar si uno osaba tocarle
los cabezales...) o el desarrollo de la representación
de movimientos por medio de flechas. Por lo demás,
casi 150 páginas de disfrute, muchas muestras clásicas,
algunas disparatadas, y numerosas reflexiones breves y precisas.
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