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Michael
Johnson
Problem Solved
Phaidon Press
2002

Un disco
de los 80...

...y otro de finales
de los 90. Son los mismos músicos, pero no la misma
banda.

El mapa
del Metro de Londres de Harry Beck

Soy
demócrata. ¿Qué agujero dice que debo
presionar? (Pulse para ampliar la imagen)
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22
de febrero de 2005
Problema: necesito un libro al que pueda recurrir cuando
me enfrente a algún diseño complicado. Solución:
en mi biblioteca tengo Problem Solved de Michael
Johnson
Corría el año 1996
y Metallica, el grupo que había encabezado la edad
del oro del heavy metal junto a Iron Maiden, Judas
Priest, Helloween y otros, se veía en una encrucijada.
Sus componentes estaban agotados de la fórmula que
los había llevado a lo más alto: guitarras afiladas
pero melódicas, largos discursos de distorsión
y constantes cambios de ritmo. Metal clásico, en definitiva,
que daría pie a toda una sub-corriente dentro del género,
el trash. Metallica se había cansado de sí
misma. Llegaba el tiempo de la refundación.
Tenían dos problemas.
El primero era cómo reaccionarían
sus fans más tradicionalistas ante una evolución
estilística que suponía la inmersión
en el maremoto que se había desencadenado en Seattle
(recordemos que esto ocurre en plena era Nirvana-grunge).
Reaccionaron muy mal, lógicamente, y dejaron de comprar
sus discos. Pero, por el camino, Metallica ganó una
base de incondicionales igualmente amplia.
El segundo, que es el que nos
interesa, era cómo modificar la imagen de marca del
grupo para acercarse a la juventud, a la que ya no seducían
los trabajados riffs de unos Deep Purple cada día más
ancianos, sino el nihilismo ramplón y la suciedad sónica
de un Kurt Cobain. La solución: cambiaron el estilo
de sus cubiertas al mismo tiempo que su música mutaba.
Comparemos la de Master of Puppets (1986) con la
de St. Anger, su trabajo más reciente. La
primera corresponde a un grupo anclado en el pasado. La segunda,
a uno atento a las tendencias más recientes.
El diseñador como
apagafuegos
Problem Solved
no trata en ningún momento el “caso Metallica”,
pero sí habla del “caso Yes”, el supergrupo
de rock sinfónico que dio un vuelco a su imagen cuando
sus componentes decidieron insuflar aire fresco a su sonido.
La historia de la música (y de la moda, y de los coches,
y de...) está llena de bandas y empresas que, por un
motivo u otro, deben cambiar su imagen al mismo tiempo que
modifican su naturaleza, su filosofía y sus
objetivos. De eso se ocupa el sensacional trabajo de Michael
Johnson: de gente con un serio problema de identidad o de
comunicación con su audiencia que acude a un diseñador
con talento para que se lo resuelva.
La labor
de documentación de Johnson es encomiable. Da la impresión
de que se ha pasado las últimas décadas recopilando
los mejores ejemplos de buenos (y malos) diseños de
todo tipo, siempre orientados a solucionar algún entuerto.
El libro está organizado en capítulos temáticos
cuyo contenido va desde la redefinición de la identidad
corporativa de una gran compañía hasta el diseño
de información puro, pasando por la publicidad en todos
los soportes o la relación de las tendencias más
vanguardistas con las más tradicionales.
¿Partes
destacables? Es difícil señalar una sobre las
demás. Puestos a elegir, me quedaría con dos:
la que trata el diseño de información y la titulada
The Nothing Shocks Me Problem, dedicada a los diseñadores
que optaron por las soluciones más arriesgadas para
atraer la atención de un público cada día
más conscientemente ciego al bombardeo de mensajes
visuales.
En cuanto
al capítulo sobre diseño de información
(The Information Rejection Problem), Johnson aporta
una definición restringida pero interesante del concepto
base: "aquél que ayuda a los usuarios a navegar
por un espacio, ya sea real o virtual". Para ilustrarla
acude en primer lugar al ya clásico ejemplo del plano
del Metro de Londres ideado por Harry Beck en los años
30 contraponiéndolo a los modelos anteriores, que reproducían
con exactitud la superficie de la ciudad, con lo que ganaban
en exactitud topográfica pero perdían
en legibilidad.
La solución
genial de Beck (copiada luego en todo el mundo) fue que, dado
que al usuario no le interesa dónde se encuentra con
respecto a la superficie en cada momento sino sólo
cuando sale de la estación de destino, pero sí
le preocupan las conexiones de líneas, lo mejor era
imitar la estructura de un diagrama de red eléctrica.
De esta forma, la distancia entre los puntos que representan
a las estaciones es constante, no respeta la escala real,
y las líneas están trazadas sólo con
rectas o en ángulos de 45 grados.
El trabajo
de Beck sirve como base a Johnson para explicar uno de los
principales objetivos del diseño de información:
transmitir una cantidad enorme de datos en un espacio limitado.
Tras ocuparse de varios ejemplos de señalética
(¡y también incluso de las páginas amarillas!),
apunta casos de diseños desastrosos, como el de las
papeletas de Florida que dieron su primera victoria presidencial
a George W. Bush, en las que una persona que quisiese votar
por Al Gore no sabía muy bien si debía presionar
el segundo o el tercer orificio empezando por la parte superior...
En cuanto
al problema de "nada me impacta" (Nothing Shocks
Me), Problem Solved recoge numerosos ejemplos
de campañas y anuncios con contenidos que juegan con
el mal gusto, lo obsceno, el desafío intelectual y
los territorios cercanos a la frontera de la ética.
Así, la famosa -y discutida- imagen de Barnado´s
(organización de inspiración cristiana cuyo
lema es "devolver su futuro a los niños"),
en la que se muestra a un bebé preparándose
para inyectarse heroína. O el poster publicitario de
Kadu Clothing, una compañía australiana especialista
en ropa de buceo, en la que aparece un tiburón recién
pescado. De su vientre abierto asoma un esqueleto del que
cuelga ¡el traje de neopreno perfectamente conservado!
Soluciones geniales pero también peligrosas y controvertidas
en ocasiones.
Más catálogo que manual
Es cierto
que en todo momento se echa en falta una mayor profundización
en cómo los diseñadores lidiaron con
los problemas que sus clientes les planteaban en vez de limitarse
a mostrar únicamente el antes y/o el después
de cada proyecto. Pero es un problema menor, puesto que Problem
Solved parece concebido más como un catálogo
de ideas que como un manual. No se tome esto como demérito.
El libro merece la pena.
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