
Mr. Beck's Undreground Map

El segundo libro en la serie

Fig1: Pinche para ampliar

Fig1: Pinche para ampliar

Fig3: Pinche para ampliar

Fig4: Pinche para ampliar
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4
de julio de 2006
Esos locos ingenieros y sus mapas de colores
Aunque a
infografistas y diseñadores gráficos
nos duela, los grandes revolucionarios de nuestro campo
no provienen por lo general de las artes, la ilustración
o el periodismo: Charles
Joseph Minard era matemático e
ingeniero; William
Playfair ingeniero (también) y economista; Otto
Neurath se dedicaba a la filosofía
y la sociología... Hasta Edward
Tufte se nos escapa: escribe
sobre visualización de datos, pero es experto en
estadística.
Henry
(o Harry) C. Beck, mi revolucionario favorito, tampoco
era diseñador a tiempo completo. Por lo menos, hasta que
cambió
nuestra manera de navegar por el suburbano con una de las
creaciones más geniales del diseño de información: el plano
del metro de Londres.
Con frecuencia
se cita al diagrama sobre la invasión
napoleónica de Rusia
como el mejor gráfico de todos los tiempos.
Con todo respeto a Minard, me parece que
Beck tiene más derecho a llevarse ese título. Minard tiene
la fuerza
de la extravagancia
y la síntesis. Beck, la de la sencillez y la utilidad.
La creación de Minard queda como un jalón aislado (y sin
descendencia) de la historia del diseño. La de Beck marcó
el camino
para otros muchos cientos de mapas de transporte público.
Su impacto en la historia de la representación gráfica
y la
diagramática
es incalculable.
Mr.
Beck's Underground Map y No Need To Ask! son
libros complementarios. Si el primero nos narra el proceso
de gestación (una auténtica
odisea) del famoso plano, el segundo nos muestra cómo
se las arreglaban los viajeros del suburbano más antiguo
del mundo antes de que a Beck le iluminasen las musas.
¿En
qué consiste la genialidad de Beck (Fig. 3)? En recordar
la definición de diagrama o, ya puestos, de mapa: una representación
simplificada de la realidad. Cualquier representación
visual implica una abstracción,
un prescindir de los detalles no pertinentes para resaltar
los que sí
interesan: un mapa de carreteras destacará con colores
vivos las poblaciones y las vías, mientras que dejará en
segundo plano los accidentes geográficos (si es que los
incorpora siquiera). Un mapa topográfico no incluirá información
turística. Etc.
¿Qué
es lo que interesa al viajero del Metro?: Ver dónde está
la estación de la que parte, dónde la estación de
destino y en qué puntos debe hacer un transbordo. Tan simple
como
eso. Los
planos anteriores a Beck mostraban el trazado de las
vías con gran detalle (Fig. 1), y algunos incluso lo superponían
a un callejero de la ciudad. El gran problema era que,
para ser legibles, necesitaban ser impresos a gran
tamaño.
Si se imprimían en un folleto, el área
del centro de la ciudad, donde la densidad de paradas es
enorme, se tornaba ilegible.
Beck
decidió que al viajero no le importaba la distancia real
entre las estaciones, tampoco cuántas curvas tenía cada
trayecto o la fidelidad a la geografía de la superficie.
En su plano, el espacio entre cada estación
y la
siguiente
es
el mismo
(primer
nivel
de abstracción) y sólo se muestran líneas rectas y en ángulo
de 45 grados (segundo nivel de abstracción). Además de
hacer el mapa-diagrama más legible incluso en reproducciones
pequeñas, este truco facilitaba su actualización: el metro
de Londres
no ha
dejado de crecer desde su creación.
Por otra
parte, Beck mantuvo la identificación por medio de colores
que se había
usado desde hacía algún tiempo en los planos de la red
pero usó figuras geométricas (un círculo y un diamante)
para distinguir las estaciones normales de aquéllas en
las que se podía cambiar de línea. Los recursos que usó
se pueden ver en forma aún embrionaria en sus innumerables
bocetos (Fig. 4).
Dos libros
imprescindibles para los nostálgicos y los mitómanos. (El London's
Transport Museum, por cierto, posee una interesante colección
de mapas de la red). |