En
segundo lugar, porque su título es un delicioso
engaño. Y es que en realidad Pinker no explica
cómo funciona
la mente, cosa que sería imposible con los conocimientos
disponibles en la actualidad, sino por qué funciona
como funciona. Gran parte de la respuesta está,
claro, en la evolución por selección natural,
que ha impulsado el desarrollo de un hardware (el
cerebro) que usa softwares muy específicos,
con propiedades y limitaciones también muy específicas.
Apuesto a que (a menos que sea un experto) nunca se ha
planteado que la mente es ni más ni menos
que una función del cerebro.
El párrafo anterior resume
de manera rudimentaria la corriente a la que Pinker se
adscribe. Su trabajo pertenece a la ciencia cognitiva,
esa fusión de psicología, neurociencia, filosofía,
inteligencia artificial, lingüística y antropología
que tanto se ha desarrollado en las últimas décadas,
pero pertenece a un ámbito preciso dentro de ella,
la teoría
computacional de la mente. Su enunciado principal (y de
nuevo recurro a la reducción)
es que el cerebro es una máquina que, por medio de procesos
algorítmicos, procesa información con el
fin de mejorar las posibilidades de supervivencia del organismo
en el que habita.
La teoría computacional
de la mente ha sido tachada de reduccionista por comparar
al cerebro con un ordenador. Hay cierta ignorancia y
(en ocasiones) mala fe en esta acusación, puesto
que el cerebro no es un PC. Es mucho más. Lo que
Pinker y otros han argumentado es que sus funciones sí son
comparables a las de un ordenador: recoge información,
la transforma e interpreta, extrae conclusiones y usa los
resultados. La flexibilidad de la mente/cerebro es enorme,
pero no infinita: los procesos que puede acometer están
limitados por la forma en la que funciona. Un mecanismo
innato, por cierto.
(La teoría computacional
de la mente es objeto de polémicas muy jugosas. Una
muestra).
¿Por qué un infografista
o diseñador gráfico debería leer este
libro? Principalmente, porque ayuda a entender aspectos
de la percepción visual que se agazapan tras los
principios del diseño (unidad, variedad, jerarquía... ¿recuerdan?).
Un libro sobre teoría del diseño gráfico
enumerará dichos principios y posiblemente se refiera
a escuelas como la Gestalt para sostenerlos y argumentarlos. How
the Mind Works va un poco más lejos: muestra
las bases naturales de dichos principios. Comprenderlas
puede resultar de lo más útil para el trabajo diario. No
les cuento más.
Estropearía
la sorpresa. Les dejo algunos enlaces para abrir boca:
Perfil publicado
por The Guardian
Entrevista con
la revista Reason
Edward
T. Oakes, sobre How the Mind Works
Louis
Menand (muy crítico) y Simon
Blackburn (algo menos agresivo) escriben sobre The
Blank Slate
Existe una edición de
How the Mind Works en español publicada por Destino.
Encontrable en cualquier librería, supongo. |