|
5
de diciembre de 2005
Remember, remember the 5th of November
Es obvio
que para narrar mostrando antes hay que aprender
a mirar. Puesto que existen pocos lugares donde se
pueda aprender de forma sistematizada cómo hacer infografía,
la historia de cada periodista visual es una pequeña
epopeya autodidacta basada en múltiples influencias.
Hay quien proviene de las Bellas Artes, hay quien tiene en
el cine o en los videojuegos su pasión. Y luego están
los comics.
Decía
en un artículo
reciente que la infografía es una profesión
híbrida, bastarda de muchos padres y madres. Comprender
el lenguaje de los comics, entendidos como arte secuencial
(recordemos a Will
Eisner), es muy enriquecedor. No es ésta una tesis
demasiado original. Javier
Zarracina la expuso en uno de los libros de los premios
Malofiej. Y Miguel Nuño, de elmundo.es, le ha dedicado
un par de conferencias en los cursos
de infografía online de El Mundo. La infuencia
de los tebeos en el trabajo de muchos de nosotros es obvia.
Y beneficiosa.
Porque,
verán, la tarea del infografista en el fondo es muy
simple y tiene dos caras complementarias: organizar y simplificar.
La infografía, como dicen los anglosajones, es visual
storytelling. Las técnicas narrativas de los buenos
comics consisten en eso mismo: secuenciar y no perder
el interés del lector aun cuando los recursos visuales
a disposición del artista sean muy limitados (poco
espacio para los efectos especiales hay en la pobre reproducción
en cuatricromía de los comic-books clásicos).
La buena narrativa gráfica, la escrita y/o dibujada
por grandes autores, suele ser un prodigio de síntesis.
Exactamente igual que la buena infografía.
V
for Vendetta es uno de esos prodigios. También
es uno de los pilares de mi educación visual (y sentimental,
para qué engañarnos). El enterarme de que esta
serie de 10 números escrita por el británico
Alan
Moore y dibujada por David Lloyd en los años 80
se ha convertido en una superproducción
cinematográfica, despertó un puñado
de buenos recuerdos.
La historia
se sitúa en la Gran Bretaña fascista de un futuro
en el que gran parte del mundo se ha evaporado en la guerra
nuclear (recordemos que cuando el guión fue escrito
la URSS todavía existía y la era Reagan/Tatcher
estaba en su apogeo). V, el personaje enmascarado que da título
a la obra, surge de la nada para desafiar al sistema, destrozar
sus cimientos y devolver al pueblo la libertad. Suena convencional,
¿no es cierto? Pero la cosa no es tan simple como parece
en el impresionante prólogo.
Y es que
V no es un héroe. V es un terrorista de exquisita crueldad
cuyo plan para sumir al país en la anarquía
(no otra cosa es la libertad como absoluto) comienza volando
el parlamento británico tal y como Guy
Fawkes soñó un 5 de noviembre de hace ya
400 años (de ahí el titular de este artículo,
verso de una conocida tonadilla).
V también es un asesino: uno por uno, elimina a varios
grandes funcionarios y autoridades, todos ellos implicados
en la trama de experimentos en campos de concentración
que lo convirtieron en lo que es: un ser más que humano,
un monstruo demente. V aspira a arrebatar el poder a la corrupta
jerarquía del partido único a cualquier
precio.
He aquí
el gran logro de Alan Moore, esa incómoda ambigüedad:
¿debe el lector sentir simpatía por V y por
Eve, esa adolescente a la que salva de la muerte y adopta
para que se convierta en su sidekick, al modo de
Batman y Robin, solo que en versión siniestra? Es cierto
que su lucha por derribar a un gobierno totalitario es correcta
pero ¿justifica el fin los medios? En una época
en la que el pretexto de unas fantasmales armas de destrucción
masiva desencadena una guerra con la consiguiente muerte de
miles de civiles, o en la que la defensa de (inexistentes)
derechos históricos de los pueblos puede llevar
a alguien a volarse dentro de un autobús escolar repleto
de niños, esta subversiva historia sobre la compleja
relación entre autoridad y libertad y los límites
y consecuencias de la violencia, que ya tiene más de
25 años, está más de actualidad que nunca.
Más
información:
Artículo
de Rafa Marín sobre V for Vendetta
Amazon
Una
nota final: dado que la película está producida
por el temible Joel Silver y apadrinada por los todavía
más temibles hermanos Wachowski (Matrix), mucho me
temo que V for Vendetta será despojada de toda su profundidad
y se convertirá en una simple glorificación
de la violencia (muy espectacular, eso sí). Cosas de
los tiempos que corren. Crucemos los dedos.
|