
V.V.A.A.
Cthulhu: una celebración
de los mitos
Valdemar
2002
|
22
de septiembre de 2003
Los buenos viejos tiempos
Artículo
originalmente aparecido en Gigamesh
La influencia
de Lovecraft en la literatura de género
ha sido tanto o más perniciosa que la de Juan Benet
sobre toda esa turbamulta de benetianos de segunda hornada,
o la de Francisco Umbral sobre una entera generación
de periodistas ansiosos de desinfectarse del estigma de la
mala calidad literaria con burdos remedos de un estilo inimitable,
y sobre ciertos autores que sólo tras algunos devaneos
comienzan a dar muestras -con éxito- de voz propia,
como Juan Manuel de Prada. Lovecraft, al igual que Benet o
Umbral (discúlpeseme la comparación forzada
entre autores tan dispares), poseía una forma de escritura
tan propia que todo intento de emularla desemboca con estrépito
en la caricatura. Los que lograron acompañar con dignidad
al maestro en su breve creación de esa serie inconexa
de deliciosos cuentos que conforman lo posteriormente sería
bautizado como Mitos de Cthulhu son aquellos
que, aceptando el juego del horror del vértigo cósmico,
mantuvieron su propia forma de hacer, caso de Clark
Ashton Smith, o de Henry Kuttner,
que con pocos años escribió "Las ratas
del cementerio" (no se emocionen: no está en este
volumen: inexplicable error del compilador), uno de los cuentos
breves más aterradores que servidor haya leído
nunca. De Kuttner está "El horror de Salem",
que no está mal, pero que no llega a los extremos angustiosos
del citado más arriba.
En todo
caso, Cthulhu: una celebración de los mitos,
parece ser un intento de puesta al día de la magistral
recopilación Los mitos de Cthulhu
(Alianza Editorial; edición de Rafael Llopis),
posiblemente la mejor colección de terror en castellano
que por las librerías encontrarse pueda. Lo consigue,
en parte, porque comienza con varios relatos clásicos
-la mayoría ya publicados y encontrables- del propio
Lovecraft y de sus compañeros en desventuras. El primero
es el poderosísimo y todavía fascinante "La
llamada de Cthulhu", que conserva intacta toda su pureza.
De Clark Ashton Smith están "El
retorno del brujo" y "Ubbo-Sathla", dos relatos
de buena factura, aunque uno sigue prefiriendo "Quachil
Uttaus" (creo que no está en castellano). Robert
E. Howard nos recuerda en "La piedra negra"
que en los años 30 podían escribirse mayores
barbaridades que en cualquier novela guarrindonga del siempre
sanguinolento Richard Laymon, gracias a una inolvidable escena
de martirio y muerte infantil. "Los perros de Tíndalos"
sigue siendo de lo mejor de Frank Belknap Long,
no así "Los devoradores del espacio", que
no pasa de la rutinaria repetición de esquemas tradicionales.
Como curiosidad hay que señalar que los chicos de Arkham
House no se han cortado un pelo en colarnos de nuevo el jueguecillo
que durante un tiempo se trajeron Lovecraft y Robert
Bloch en una serie relatos protagonizados por ellos
mismos -aunque con nombre simulado-, y que comprende cuentos
como "El huésped de la negrura" (que yo siempre
había conocido como "El morador de las tinieblas",
pero a los traductores hoy en día no hay quien les
tosa...).
Por otra
parte, si no le tienen alergia al oportunista August
Derleth, pueden atreverse con "El morador de
la oscuridad" y "Al otro lado del umbral",
que tal vez sean de lo mejor de su exigua y paupérrima
producción, cuyo mayor demérito es haber servido
para desvirtuar el horror incomprensible de los cuentos originales
de la falsa saga de los mitos convirtiéndolo en una
especie de lucha de deidades del espacio exterior. A partir
de la mitad del libro comienzan los relatos inéditos
o, como mínimo, de difícil localización,
como "Edición fría", cuento menor
de un primerizo Ramsey Campbell que ya apuntaba
las maneras del grandísimo escritor en que después
se convertiría. El resto va de lo memorable a lo triste.
Desde un Stephen King y un Lupoff
socarrones ("Jerusalem´s Lot" y "Descubrimiento
de la zona Ghoórica"), hasta un Joanna
Russ sólido y bien escrito ("Mi barca").
Claro que también podemos encontrar un Brian
Lumley –"Suben con Surtsey"-- un
poco menos ridículo de lo habitual, pero ridículo,
al fin y al cabo (recordemos, con gran pesar, ineptitudes
y despropósitos como las insultantes Los que acechan
en el abismo o las infaustas Crónicas necrománticas).
En general, los relatos más modernos confirman la vieja
teoría de que cualquier movimiento artístico
(o escuela, o grupo literario, o...), con el tiempo, acaba
por convertirse en una parodia grotesca de sí mismo,
por mucho que guarde las formas. Aun así, Cthulhu,
una celebración de los mitos es un libro
recomendado para el que quiera iniciarse en el lovecraftismo
o para aquel ya iniciado que quiera completar sus conocimientos
sobre aquello que se oculta más allá de los
ignotos ángulos de las paredes mucosas de R´lyeh...
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