
Charlee
Jacob
Haunter
Leisure Books
2003
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19
de septiembre de 2003
Entre el gore y la poesía
Artículo
también publicado en Bibliópolis
Hablar
del horror literario contemporáneo es percibir de inmediato
la existencia de dos “modos de hacer” opuestos,
pero en ocasiones complementarios. Por una parte, se consolida
en la small-press, en círculos más o menos restringidos,
el terror nebuloso y sugerente, ése que huye de estridencias
y cuya estrategia es crear una pequeña red de personajes
en la que inyectar con calma una pizca de inquietud. Por otra,
tenemos a los que optan por el cuajarón de sangre y
la víscera a cielo abierto. El primero lo suelen practicar
escritores bastante hábiles -Ramsey Campbell-.
Para el segundo no hace falta más que una gramática
correcta. Excluyo de esta taxonomía simplista a los
grandes best-sellers.
Pues bien:
¿en qué saco meter a Charlee Jacob?
Su Haunter pertenece, sin duda,
al segundo “modo de hacer”: es horror extremo
en estado puro, está repleto de destripamientos, cuchilladas,
hachazos y perversiones sexuales grotescas, hasta el punto
de que a uno, a medida que lo iba leyendo, se le quedaba corto
aquel clásico del splatter pijo y con pátina
de denuncia social, American Psycho,
de Bret Easton Ellis. Sin embargo, muchas
de las atrocidades que Jacob nos arroja a la cara no están
narradas con la desgana habitual de los practicantes del gore
literario (recordemos con horror reverencial a los infaustos
Shaun Hutson o Guy N. Smith)
sino, en bastantes ocasiones, con un escalofriante tono poético.
Es Haunter, pues, un libro que desconcierta.
Su hilo
argumental es bastante débil y se pierde en algunos
vericuetos que lo vuelven confuso. Se trata de una continuación
sui generis de la primera novela de Jacob, This
Symbiotic Fascination -que no he leído-,
con la que comparte dos personajes, los hermanos Harry y Elliot.
A pesar de que pueda disfrutarse de forma independiente, tal
vez todo quede un poco más claro si se consulta dicha
opera prima.
Los citados
hermanos son los protagonistas de esta extraña fábula
de tránsito moral. Tras una infancia traumática
(contada en This Symbiotic Fascination) marcada por
una familia desequilibrada hasta la monstruosidad (uso literalmente
esta palabra), sus caminos se separan durante la guerra de
Vietnam. Por una parte, sin que se explique muy bien por qué,
tras una experiencia onírica junto a un templo ancestral,
Harry se transforma en una especie de corporeización
hermafrodita de Shiva que reúne a una corte de adoradores,
lisiados supervivientes del horror de los jemeres rojos camboyanos.
Elliot, una vez acabada la guerra, trabaja como mercenario.
Durante una misión en Camboya, se reencuentra con Harry
y ambos emprenden un particular viaje de huida hacia un mundo
mejor junto a los sectarios del Shiva redivivo.
Los paisajes de
Jacob, que se extienden desde Camboya y Tailandia hasta Texas,
son infiernos en la Tierra, ciénagas en la que se revuelcan
como moscas en la cochiquera prostitutas menores de edad,
europeos rijosos, asesinos y seres sobrenaturales, depredadores
unos, redentores otros. Las escenas en Bangkok, que abren
la novela, son lo mejor de este relato tan fascinante como
irregular. Por el medio de la historia principal se cuelan
subtramas sobre los soldados compañeros de Elliot,
una droga (Soma) que conduce a quien la toma a un estado que
no se sabe muy bien si es Nirvana o Purgatorio y muchos, muchos
personajes desencajados, expulsados a un mundo viscoso y hostil.
Y muchos otros etcéteras, algunos pertinentes, otros
no, que confieren al relato un ritmo entrecortado que lo beneficia
poco.
Recomendada para
estómagos vacíos y fuertes y para degustadores
de rarezas de todo origen.
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