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Michael
Crichton
Presa
Plaza&Janés
2003
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22
de junio de 2003
Nanodevoradores contra la familia media americana
Artículo
originalmente aparecido en Bibliópolis
Pongámonos
nostálgicos: mi relación personal con Michael
Crichton comienza allá por el verano del 92, justo
en medio de la Selectividad. Un amigo que acababa de leer
una novela de aventuras con un dinosaurio bastante mal dibujado
en cubierta (aún no había ni indicios de la
película de Spielberg), me la prestó para que
me desintoxicara un poco de tanto estudio una vez comenzadas
las vacaciones. Aquella tarde yo tenía pensado repasar
el examen de Historia pero, después de comer, preferí
leer el primer capítulo de la novela por simple curiosidad.
El resultado: adiós al repaso. La experiencia fue de
las más gratificantes que yo recuerde no porque el
libro fuese nada del otro mundo (Crichton no es Coetzee, precisamente),
sino porque transmitía una intensidad que, por desgracia,
los lectores que han llegado a él tras la superproducción
cinematográfica me temo no han disfrutado. La sorpresa
del descubrimiento no será nunca la misma después
de haber visto al Tiranosaurio rugiendo en pantalla.
Desde
entonces, he leído con interés todos los libros
de Michael Crichton. Algunos son buenos (La amenaza de
Andrómeda, Los devoradores de cadáveres),
interesantes (Esfera, Congo) y otros francamente
decepcionantes (Acoso). Es un escritor -a ver si me
explico- que siempre da lo que promete, pero nunca te deja
satisfecho, bien porque resuelve mal sus tramas, bien porque
acaba sumiéndose en un aburrido (y bestsellero) didactismo
infantiloide, como en su penúltima Rescate en el
tiempo.
Un
Crichton menor
¿En qué categoría encuadrar Presa,
recién llegado a nuestras librerías? Pues, para
qué engañarnos, a medio camino entre los interesantes
y los decepcionantes. Interesante porque el tema central (los
"peligros" de la nanotecnología) es de absoluta
actualidad. Decepcionante porque el desarrollo y, sobre todo,
el desenlace son tópicos y predecibles cual episodio
de Ana y los 7.
El protagonista
de Presa, Jack Forman, después de describir
en primera persona su problemática e insufrible vida
familiar, las muchas energías que consume mantener
a un trío de niños de corta edad, su triunfal
pasado como informático en Silicon Valley, etc., pasa
a contarnos cómo su mujer, Julia, ha contribuido a
que la pujante empresa Xymos haya desarrollado un sistema
de cámaras moleculares cuyo objetivo declarado es facilitar
la exploración médica. Sin embargo, como es
de prever, el afán del autor es escribir otra fábula
frankesteiniana ("no juguéis con aquello que nunca
debió ser investigado", como en Parque Jurásico),
y los nanoseres pronto se convierten en nubes autorreplicantes
que se dedican a perseguir a los protagonistas, que siempre
huyen, y a sus comparsas, que llevan desde la primera página
el cartel de "pienso para bichos" colgado del cuello.
Todo muy correcto, muy formalito, sin apenas concesiones a
los que le pedimos a Crichton un poco de emoción verdadera,
no el bosquejo de un futuro (y previsible) guión cinematográfico.
No le vamos a exigir a estas alturas transgresión al
de Chicago, que para eso ya tenemos a otros escritores un
poco más minoritarios y no abducidos por el marketing,
pero sí una pizca de originalidad, hombre. Por si fuera
poco, y siento estropearles el paupérrimo misterio,
la supuesta amenaza no da nada, pero nada de miedo, tal vez
porque en ningún momento logra transmitir Crichton
la sensación de que en menos de lo que uno piensa las
nubes van a huir del desierto que rodea el laboratorio donde
fueron creadas para arrasar el mundo.
Veredicto...
¿Recomendaría, pues, la lectura de Presa,
si alguien me lo preguntara? Depende. Si es usted de los incapaces
de meterse un libro serio entre frente y nuca recién
llegado de una agotadora jornada de trabajo, desde luego que
sí: Presa se lee sin esfuerzo, sus páginas
fluyen sin que tengamos que poner en ellas los cinco sentidos,
la acción se desarrolla en frases cortas, en diálogos
concisos, entre los que se intercalan ocasionales parrafadas
científicas Copyright Muy Interesante. Las escenas
de acción -especialmente la primera aparición
de las nubes asesinas- están narradas con eficacia
notable, tienen bastante brío y son emocionantes sin
que le hagan saltar a uno los ventrículos. Ahora bien:
si no soporta usted los best-sellers muy best-sellers,
mejor no se acerque a menos de tres metros de esa bonita cubierta
blanca, negra y roja. Le producirá urticaria.
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