
Philip
Roth
La pandilla
Bruguera
1983
|
22
de septiembre de 2003
De Nixon a George Bush II
Artículo
también publicado en Bibliópolis
Comencemos
esta reseña con una declaración de intenciones:
amo Estados Unidos. Precisaré un poco más: amo
cualquier país que posea escritores que, como Philip
Roth en este caso, sean capaces de una sátira tan despiadada
y cruel como La pandilla. Porque
sólo en un lugar sano ideológicamente, en una
democracia de alta intensidad, puede nacer algo de
semejante salvajismo y desproporción. Mi deseo es que
algún día podamos leer algo como esto sobre
lo peor de los años de Felipe González o de
Aznar. Material hay de sobra.
Prosigamos
con una petición. Únanse a mí en la proclama:
la historia no se repite. Es un axioma de la buena historiografía.
Decir lo contrario es incurrir en un error de apreciación:
ninguna época es exactamente igual que otra anterior,
a pesar de las apariencias. ¿Cierto? Bien, lo es. Pero
sí pueden darse rasgos que las asemejen. Y es que La
pandilla es una breve sátira sobre las
innobles prácticas de la administración Nixon
(Tricky -“tramposo”- E. Dixon en la novela) pero
mucho de lo que en ella se dice es perfectamente aplicable
a la actualidad, como dice mi amigo Julián
Díez quien, conociendo mi debilidad por Philip
Roth, me ha prestado este libro aun sabiendo que es posible
que nunca se lo devuelva: lo publicó la editorial Bruguera
hace la tira de años y parece que la muy fina Alfaguara,
baluarte de las traducciones patrias de Roth, no se anima
a recuperarla. Tal vez no quieran empañar el presente
prestigioso del autor (la magnífica La
mancha humana es un torrente de gozo, por cierto)
recordando su pasado gamberro, a pesar de que Punto de lectura
haya rescatado otro de sus textos más subversivos y
fundamentales, El lamento de Portnoy.
Tricky
E. Dixon, el presidente de los EEUU, es un hombre
preocupado por los derechos del nasciturus, tanto
que incluso se plantea conceder derecho a voto a los no nacidos.
Se proclama “cuáquero” siempre que le dan
pie y dice que prefiere los métodos “limpios”
de matar (su ideal es el B-52, y ahí seguimos) porque
son más humanitarios. Cuando alguien muere en una guerra
moderna, dice en alguna parte del libro, lo más humanitario
es que no le duela...
Cuando
los boy scouts norteamericanos se
rebelan contra él, Dixon no sabe cómo reaccionar.
En reunión con un comité de expertos en el que
están representadas las “fuerzas vivas”
(cuánto añoro estas palabras en nuestro país),
desde el “Entrenador espiritual” al “Entrenador
militar”, pasando por el “Entrenador jurídico”,
busca un chivo expiatorio en el que centrar toda una trama
conspirativa para corromper a un pilar tan básico para
la moral del país. Después de escuchar a sus
consejeros enumerar los posibles constituyentes de tan amenazador
Eje del mal (Jimmy Hendrix, Jane Fonda, los
Panteras negras o Joan Baez), se deciden por el ex-jugador
de béisbol Charles Curtis Flood, acogido
por el “gobierno propornográfico de Dinamarca”.
Y comienza el desmadre.
El primer
paso para preparar el terreno del futuro enfrentamiento con
el “gobierno propornográfico de Dinamarca”
y colocar en su lugar al “gobierno antipornográfico
en el exilio” es un buen discurso ante la nación
(paginas 81-125, las mejores del libro), del que saco algunos
extractos especialmente hilarantes:
“Todos conocemos
la política beligerante y expansionista del estado
de Dinamarca, en particular las ambiciones territoriales que
alimenta este país desde el siglo XI sobre los Estados
Unidos continentales. Como recordaréis, se hicieron
en aquella época desembarcos en el continente norteamericano
por fuerzas que estaban bajo el mando de Eric el Rojo, y más
tarde bajo el mando de su hijo, Leif Ericson. Estos desembarcos
por la familia roja y sus hordas vikingas se realizaron, naturalmente,
sin previo aviso y en violación directa de la doctrina
de Monroe (...) Por eso, cuando me preguntáis si nuestra
seguridad nacional está amenazada por los daneses,
con su larga historia de franco desprecio de nuestra integridad
territorial, creo que debo responder sinceramente que sí.
Y por eso he dicho claramente esta noche al gobierno propornográfico
de Copenhague que no voy a reaccionar a cualquier ulterior
amenaza contra nuestra integridad territorial, nuestro honor
o nuestro idealismo con gemebundas protestas diplomáticas”.
“A diferencia
de los daneses, nuestro gran país no ambiciona territorios
extranjeros. Ni quiere interferir en los asuntos internos
de otros países. A pesar de nuestra profunda simpatía
por las aspiraciones de la Resistencia Antipornográfica
Danesa, hemos mantenido durante muchos años una escrupulosa
actitud de espera, con la esperanza de que esos hombres honradísimos
e idealistas de la RAD pudiesen lograr el mando político
en Copenhague por medios democráticos. Desgraciadamente,
el partido propornografía no consintió que esto
se realizase, sino que, reiteradamente, en sucesivas elecciones
presuntamente libres, prefirió lavar el cerebro al
pueblo danés para que votase contra la RAD. Tan perfeccionadas
y eficaces fueron estas técnicas de lavado de cerebro
que, en definitiva, la RAD no obtuvo un solo voto y, prácticamente
, lo mismo habría dado que no se presentase a las elecciones.
Así se burlaron las fuerzas de la corrupción
y de la inmundicia del sistema democrático de Dinamarca
(...) He advertido a los líderes de Copenhague que,
si siguen negándose a lo que les pedimos, emplearé
toda nuestra fuerza militar para restaurar en Dinamarca la
legítima autoridad de un gobierno que atienda a razones
y no a la fuerza”.
“Uno de los
experimentos que ensayamos con cierto éxito en Washington
es el Programa de Justicia en la Calle. Es un programa según
el cual la sentencia y el castigo de los crímenes,
así como de los delitos y faltas, se imponen en el
sitio y en el acto en que son cometidos o parecen haberse
cometido. (...) (Nuestros jueces) ya no se verán obligados
a humillarse tratando con los elementos más indeseables
de la población. Nuestros jueces, terriblemente abrumados
por el trabajo en la actualidad, ya no tendrán que
habérselas con ningún elemento de la población
una vez completamente derogado el sistema de enjuiciamiento.
Esto les dejará en libertad para la reflexión
y para la lectura, tan esenciales para mantener un alto nivel
de sabiduría jurídica (...) Las salas de justicia
del país volverán a ser un lugar de maravillosa
inspiración para los escolares de América que
las visiten”.
“Charles
Curtis Flood no quiso poner en práctica su plan de
destruir América valiéndose de los jóvenes
disolutos, mimados y sin principios de nuestros campus universitarios.
Y tampoco llamó a la violencia a los hippies, y a la
chusma, y a los portadores de pancartas de la izquierda. Entonces,
me preguntaréis, ¿a quién trató
de corromper. La respuesta, hermanos americanos, es: a los
boy scouts de América (...) Estoy seguro de
que todos conocéis la clase de pancartas que (los
boy scouts) hacían ondear ante las cámaras
de televisión (...) Las pancartas están en poder
del FRI, cuyos laboratorios han iniciado el penoso trabajo
de someterlas (...) a análisis de sangre (...) Con
nuestro programa de detención preventiva podremos encerrar
a los que tengan determinados tipos de sangre antes de que
otras manifestaciones como ésta puedan incluso iniciarse”.
“Sólo
fue necesario matar a dos o tres boy scouts de los
diez mil que se reunieron en Washington durante los dos días
de motín para amenazar las vidas de nuestros bravos
soldados, y ello para mantener la ley y el orden. Esto representa
un scout y medio muerto por día, mientras
que nueve mil novecientos noventa y ocho y medio siguieron
vivos y activos al terminar el primer día, y nueve
mil novecientos noventa y siete, al terminar el segundo (...)
Un índice de mortalidad del tres por diez mil en una
crisis como ésta constituye un maravilloso tributo
a la gran moderación que pudimos demostrar al enfrentarnos
con lo que podía haber sido una terrible tragedia para
nuestros soldados”.
(Por supuesto,
la consecuencia lógica de la escalada de tensión
contra Dinamarca es el “justo” bombardeo atómico
de Copenhague).
No sigo.
Como no he podido llenar el libro de pintarrajos para señalar
lo que me llamaba la atención, usé pedacitos
de papel. En estos momentos hay uno cada dos o tres páginas.
Esta especie de compendio de diálogos volterianos está
tan repleto momentos cumbre que sus posibilidades de despertar
conciencias dormidas es mucho mayor que la de cualquier ensayo
chusco de los secuaces de Noam Chomsky. Toda reseña
se quedará corta para explicar su grandeza. Buceen
en las librerías de segunda mano. Encuentren un ejemplar.
Les va la salud mental en ello.
EEUU es
land of the free and home of the brave, según
proclaman los halcones de ultraderecha. Puede que no se equivoquen:
ahí están (o estuvieron) Roth y muchos otros
para demostrarlo. Dejemos atrás nuestra insana arrogancia
de europeos continentales bienpensantes, nuestros ácidos
espumarajos contra la “basura” que llega del otro
lado del charco. Tengamos humildad y aprendamos de gentes
que nos llevan años de ventaja en la crítica
mordaz a los poderes políticos y económicos.
No olvidemos que hay casi trescientos millones de estadounidenses.
Y que sólo una minoría se parece a Dick Cheney.
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